sábado, 4 de febrero de 2012

El bosque

Voy siguiendo el sendero. Quizás no es el mejor día para pasear por el campo, gracias a la lluvia y el frío, pero necesitaba salir de casa y que el viento se llevara mis pensamientos. Por un momento así es. Me pierdo en el juego del marrón y el verde, en el baile de las hojas al moverse con el aire, en las delicadas figuras que forman las últimas gotas de agua al caer. La naturaleza me rodea, me impresiona, me silencia. Consigo sentirme terriblemente insignificante, pero es bueno, porque ello significa que mis problemas también lo son. Cierro los ojos y respiro, mi aliento brota en forma de nubecilla blanca. Levanto mi cara hacia el cielo, deseando volar, volar y alejarme de todo lo que enturbia mi mente. Pero no puedo, mis pies siguen atados al suelo, mi mente sigue anclada en los problemas, los sentmientos pesan como piedras en mi corazón. Así que hago lo único que puedo, dejo que mis pensamientos fluyan libremente, renegando ya del intento de esquivar la pesadumbre:

"¿Cuánto puedes llegar a equivocarte con las personas?¿Cuánto tiempo las tratas y las conoces, hasta asegurar que puedes predecir su comportamiento?Y, ¿cuánto tiempo tardas en darte cuenta de tu error? Yo pensaba que la conocía, predije su reacción y, cuando fue mayor de lo que me esperaba, aún así creí que pasaría, que volvería a ser la persona que yo conocía. Pero, ¿y si no es así?¿y si todo este tiempo he estado viviendo de vanas ilusiones?¿y si desde el principio no fue quien yo creí que era?. La respuesta es simple: nunca lo conocí. La persona que yo conocía nunca existió, por tanto sácala de tu vida, y deja de sufrir por su culpa.
La respuesta es fácil, si, pero no agradable porque ¿cuándo decido que ya no merece la pena?¿dónde está el límite?¿cuánto estoy dispuesta a sufrir por una amistad? No lo se..."

Por eso estoy en este bosque, esperando algo que nunca va a pasar.

Cris*

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