Ojala me hubieras dejado odio. El odio, el orgullo, la altivez, son invenciones humanas para hacer frente al dolor. Es una mera armadura para ocultar nuestro interior sangrante. Y pensaras, ¿para qué quieres ocultarlo a los demás? Pero no, no es para ocultarlo de los demás, es para ocultarlo de nosotros mismos. Es para distraer nuestros sentimientos y nuestra conciencia de ese desgarrador dolor que sentimos por dentro. Porque no hay dolor físico que se equipare a ese dolor emocional. Sientes una herida que te impide respirar hondo, que te deja sin ganas de nada, que no puedes ver ni curar o aliviar de ninguna manera. Una herida tan profunda que te remueves inquieto en busca de algo que no sabes qué es y que jamás encuentras. Te obsesiona, no te deja vivir, los minutos se vuelven horas y estas, días.
Y todo eso no llega a describir una décima parte de lo que es en realidad. Nadie en su sano juicio querría experimentar eso, así que lo ocultamos tras el velo de la rabia y el orgullo. Y puede que pienses que estas tampoco son emociones agradables, pero hacen que te sientas extrañamente eufórico, apasionado, rebosante. Todo lo contrario al agujero negro de la tristeza y el dolor.
Así que ojalá me lo hubieras dejado, pero no. Es de esas veces que el cansancio acaba con todas las fuerzas necesarias para avivar la llama de la ira, y simplemente quieres hacerte una bola, dormirte, vivir un sueño feliz y tranquilo, y nunca más despertar.
cris*
miércoles, 7 de mayo de 2014
martes, 15 de abril de 2014
Triste Balada
La triste balada de sueños que entoné aquel día no lo había anunciado.
El juramento, tiempo atrás olvidado, resurge ahora con toda su fuerza.
Los instantes pasados, precursores de momentos destinados,
llenan mi mente de posibilidades infinitas, ¡Oh, luna bendita y eterna!,
si yo fuere una estrella, fugaz en el inmenso orbe que habitamos,
¿te abrazaría a ti?,
tu que iluminas mis noches y aun en el día muestras tu grandeza,
tu que permites que brille entre todas las luces del cielo decorado
tu, amada compañera, que vigilas mis sueños y duermevelas.
Quizás elegiría al Sol, que da salud y es por todos adorado
que se yergue dueño del mundo con su calor y su fiereza
y me obnubila, oh si
y pone en mis ojos nada más que su luz, digno de ser amado.
Pero la mía se apaga en su presencia, aunque así yo no lo vea,
y aunque el mundo gire en torno a el y y tu reino este menguado
cuando tu estás en el cielo no lo veo a él ni a su estela,
Sin embargo por el día jamás desapareces del cielo despejado
tal es mi amor por ti,
así que hoy renuevo mi voto y juro ante lo más sagrado,
que seguiré tu estela granice, truene, hiele, o llueva.
Que aunque mis ojos se desvíen, mi corazón esta anclado
que es mi elección ser de las estrellas la más pura y bella
bajo tu magia y belleza que hace tiempo mi vida cambiaron
y hasta que llegue mi fin
cris*
El juramento, tiempo atrás olvidado, resurge ahora con toda su fuerza.
Los instantes pasados, precursores de momentos destinados,
llenan mi mente de posibilidades infinitas, ¡Oh, luna bendita y eterna!,
si yo fuere una estrella, fugaz en el inmenso orbe que habitamos,
¿te abrazaría a ti?,
tu que iluminas mis noches y aun en el día muestras tu grandeza,
tu que permites que brille entre todas las luces del cielo decorado
tu, amada compañera, que vigilas mis sueños y duermevelas.
Quizás elegiría al Sol, que da salud y es por todos adorado
que se yergue dueño del mundo con su calor y su fiereza
y me obnubila, oh si
y pone en mis ojos nada más que su luz, digno de ser amado.
Pero la mía se apaga en su presencia, aunque así yo no lo vea,
y aunque el mundo gire en torno a el y y tu reino este menguado
cuando tu estás en el cielo no lo veo a él ni a su estela,
Sin embargo por el día jamás desapareces del cielo despejado
tal es mi amor por ti,
así que hoy renuevo mi voto y juro ante lo más sagrado,
que seguiré tu estela granice, truene, hiele, o llueva.
Que aunque mis ojos se desvíen, mi corazón esta anclado
que es mi elección ser de las estrellas la más pura y bella
bajo tu magia y belleza que hace tiempo mi vida cambiaron
y hasta que llegue mi fin
cris*
miércoles, 19 de febrero de 2014
La leyenda del WhiteWings (Parte 1)
Se que ahora estaréis pensando: "¡Oh dios mio! ¡Dos entradas en dos días seguidos!" Pues si, tengo que decir que estoy en casa con un catarro tremendo y tengo mucho tiempo libre y me aburro. Así que escribo, que en realidad lo echaba de menos, así que seguramente durante una temporada estéis sobresaturados de cris jaja.
Y, ¿qué voy a escribir hoy?, pues hoy vuelvo a ser mi yo superoptimista y feliz así que relato ligeramente ñoño pero que espero que os guste.
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El barco surcaba las aguas con velocidad y firmeza. El viento helado hinchaba las velas al mismo tiempo que arrebolaba las mejillas de Sam, aferrada a lo más alto del palo mayor. Para ella no había mejor sensación en el mundo que la de estar allí arriba, a un paso de poder volar, sintiendo la velocidad, la fuerza del velero, la libertad del viento, aunque este dificultara su misión de vigía llenandole los ojos de lágrimas.
Descendió con agilidad hasta la cubierta, pensando en lo maravilloso de su decisión de ocultar su sexo y alistarse como grumete del WhiteWings. Allí, además de escapar de sus perseguidores, había descubierto su talento natural y su amor por la navegación. Había nacido para estar allí, finalmente sentía que todo encajaba en su vida. Entendía al barco y al mar de una manera asombrosa, y el capitán no había tardado en darle más responsabilidades al percatarse de ello.
Volvió al presente mientras corría hacia el mascarón de proa. La madera crujía bajo sus pies descalzos, minúsculas particulas de agua salada flotaban en el aire y se enredaban en su pelo y su ropa, todo olía a sal de una manera refrescante y maravillosa, y el cielo parecía estar de tan buen humor como ella. Vio por el rabillo del ojo a Wes, su compañero de tareas, siguiendola en un intento de llegar primero. Aceleró de manera que este solo pudo alcanzar el sonido burbujeante de su risa.
No había quien alcanzara a Sam cuando este estaba de buen humor como hoy, penso Wes. Le parecía increible que solo llevara un mes como grumete, sin haberse subido a otro barco en su vida, y ahora sus habilidades se equipararan con las suyas propias. Pero lo que hacía Sam era instintivo, siempre sabía lo que el barco necesitaba, a donde ir o cómo proceder. Le admiraba, reconoció con pesar, pero aún más profundamente escuchó esa vocecilla interior que le decía que era más que eso. Que no admiraba al capitán de la misma manera, que miraba la sonrisa de su compañero más de lo debido, que cuando veía la chispa de sus ojos se sentía capaz de cualquier cosa. Pero había un problema, y aunque sabía que lo que más debería preocuparle era que ambos eran varones, le daba igual, puesto que el pensaba que la gente se enamoraba de otras personas, de sus almas, no de su sexo. No, lo que más le preocupaba era que, a pesar de tener solamente un año menos que él, Sam no demostraba ningún interes el tales asuntos, de hecho su comportamiento recordaba al de un niño pequeño. Sam amaba al barco, al mar y al cielo abierto, y Wes sabía que no podía competir con ello.
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En verdad iba a ser más corto pero me ha gustado y me he dejado llevar, mañana colgaré la segunda parte para que no sea tan pesado y para dejaros con la intriga xD
Espero que tengais un dia maravilloso, y traedme pañuelos y noticias del mundo exterior, gracias.
cris*
Y, ¿qué voy a escribir hoy?, pues hoy vuelvo a ser mi yo superoptimista y feliz así que relato ligeramente ñoño pero que espero que os guste.
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El barco surcaba las aguas con velocidad y firmeza. El viento helado hinchaba las velas al mismo tiempo que arrebolaba las mejillas de Sam, aferrada a lo más alto del palo mayor. Para ella no había mejor sensación en el mundo que la de estar allí arriba, a un paso de poder volar, sintiendo la velocidad, la fuerza del velero, la libertad del viento, aunque este dificultara su misión de vigía llenandole los ojos de lágrimas.
Descendió con agilidad hasta la cubierta, pensando en lo maravilloso de su decisión de ocultar su sexo y alistarse como grumete del WhiteWings. Allí, además de escapar de sus perseguidores, había descubierto su talento natural y su amor por la navegación. Había nacido para estar allí, finalmente sentía que todo encajaba en su vida. Entendía al barco y al mar de una manera asombrosa, y el capitán no había tardado en darle más responsabilidades al percatarse de ello.
Volvió al presente mientras corría hacia el mascarón de proa. La madera crujía bajo sus pies descalzos, minúsculas particulas de agua salada flotaban en el aire y se enredaban en su pelo y su ropa, todo olía a sal de una manera refrescante y maravillosa, y el cielo parecía estar de tan buen humor como ella. Vio por el rabillo del ojo a Wes, su compañero de tareas, siguiendola en un intento de llegar primero. Aceleró de manera que este solo pudo alcanzar el sonido burbujeante de su risa.
No había quien alcanzara a Sam cuando este estaba de buen humor como hoy, penso Wes. Le parecía increible que solo llevara un mes como grumete, sin haberse subido a otro barco en su vida, y ahora sus habilidades se equipararan con las suyas propias. Pero lo que hacía Sam era instintivo, siempre sabía lo que el barco necesitaba, a donde ir o cómo proceder. Le admiraba, reconoció con pesar, pero aún más profundamente escuchó esa vocecilla interior que le decía que era más que eso. Que no admiraba al capitán de la misma manera, que miraba la sonrisa de su compañero más de lo debido, que cuando veía la chispa de sus ojos se sentía capaz de cualquier cosa. Pero había un problema, y aunque sabía que lo que más debería preocuparle era que ambos eran varones, le daba igual, puesto que el pensaba que la gente se enamoraba de otras personas, de sus almas, no de su sexo. No, lo que más le preocupaba era que, a pesar de tener solamente un año menos que él, Sam no demostraba ningún interes el tales asuntos, de hecho su comportamiento recordaba al de un niño pequeño. Sam amaba al barco, al mar y al cielo abierto, y Wes sabía que no podía competir con ello.
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En verdad iba a ser más corto pero me ha gustado y me he dejado llevar, mañana colgaré la segunda parte para que no sea tan pesado y para dejaros con la intriga xD
Espero que tengais un dia maravilloso, y traedme pañuelos y noticias del mundo exterior, gracias.
cris*
martes, 18 de febrero de 2014
Un Tritón en mi Bañera
Todo empezó
cuando, practicando, invoqué a un tritón en mi bañera. Era una criatura
perfecta, como mi mano de grande. De cintura para arriba era igual que un niño
cualquiera, salvo porque en vez de orejas tenía branquias en el cuello, su pelo
era blanco, y sus ojos, sin pupilas, completamente azules. De cintura para
abajo tenía una cola de pez, con las escamas del mismo color que sus ojos. Me
miraba con curiosidad y admiración, y en seguida sentí el impulso de
protegerlo. Observó el entorno, y me di cuenta de que tenía miedo. Moví mi mano
lentamente, arrastrándolo, y en un primer momento me miró alarmado, pero luego
ganó su curiosidad y se soltó, explorando el agua de alrededor. La siguiente
vez que pasó cerca de mí, cuando sacó la cabeza, le salpiqué. En seguida se dio cuenta de que era una broma y empezó a lanzarme agua sin descanso, y antes de ser consciente de ello me descubrí riéndome y jugando como hacía mucho
tiempo que no lo hacía.
Pasaron muchos años, y lo quería, ¡cómo lo quería! Era mi amigo, mi confidente, una criatura maravillosa que lo daba todo y te hacía querer dárselo todo. Pero se acababa el tiempo de invocación, y tendría que devolverlo a su hogar.
Él me miró, suplicando que no lo hiciera con sus hermosos ojos, puesto que
quería quedarse a mi lado. Investigué sin descanso una forma para que se
quedara. Lo intenté, usé todo el poder que tenía. Pero no lo conseguí, y se acabó el
tiempo. Y desapareció. Y perdí lo único que había conmovido mi corazón desde
hacía años.
Me sentí impotente, pues no había podido evitarlo, no había
sabido cómo hacerlo. En ese momento, rota de dolor, mi alma se retorció miserablemente. Mis ojos vertieron lagrimas hasta que no pudieron abrirse más, y aún entonces las lágrimas corrían por mi nariz y mi boca. Estuve muchos siglos encogida en la oscuridad, no queriendo ver lo que tenía ante mis ojos. Y es que ni con toda la magia del mundo podría parar el tiempo. Porque hay
cosas en la vida que nadie puede controlar. Porque todo lo que hay en el mundo te dirige a perder esa ilusión con la que haces las cosas. Las personas, sus actos, la suerte y el destino, todo lleva a que llegue el día en el que dejas de luchar por esa ilusión y simplemente te rindes. Te rindes y aceptas las cosas tal y como son, sin tener el impulso de querer cambiarlas y hacer que sean mucho mejores, perfectas. Porque, ¿para qué involucrarse, esforzarse y sufrir por algo?, ¿para qué, si luego sólo conseguirás tu objetivo una de cada cien o de cada mil veces que lo intentas?. Eso significa que hay 99 o 999 veces en las que vas a acabar llorando. Y, claro, no merece la pena. Es más fácil no intentarlo.
Y cuando comprendes esto es cuando
tu corazón deja de ser el de un niño.
Maduras, si, pero, ¿a qué precio?
cris*
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