martes, 15 de abril de 2014

Triste Balada

La triste balada de sueños que entoné aquel día no lo había anunciado.
El juramento, tiempo atrás olvidado, resurge ahora con toda su fuerza.
Los instantes pasados, precursores de momentos destinados,
llenan mi mente de posibilidades infinitas, ¡Oh, luna bendita y eterna!,
si yo fuere una estrella, fugaz en el inmenso orbe que habitamos,
¿te abrazaría a ti?,
tu que iluminas mis noches y aun en el día muestras tu grandeza,
tu que permites que brille entre todas las luces del cielo decorado
tu, amada compañera, que vigilas mis sueños y duermevelas.
Quizás elegiría al Sol, que da salud y es por todos adorado
que se yergue dueño del mundo con su calor y su fiereza
y me obnubila, oh si
y pone en mis ojos nada más que su luz, digno de ser amado.
Pero la mía se apaga en su presencia, aunque así yo no lo vea,
y aunque el mundo gire en torno a el y y tu reino este menguado
cuando tu estás en el cielo no lo veo a él ni a su estela,
Sin embargo por el día jamás desapareces del cielo despejado
tal es mi amor por ti,
así que hoy renuevo mi voto y juro ante lo más sagrado,
que seguiré tu estela granice, truene, hiele, o llueva.
Que aunque mis ojos se desvíen, mi corazón esta anclado
que es mi elección ser de las estrellas la más pura y bella
bajo tu magia y belleza que hace tiempo mi vida cambiaron
y hasta que llegue mi fin

cris*

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