Se que ahora estaréis pensando: "¡Oh dios mio! ¡Dos entradas en dos días seguidos!" Pues si, tengo que decir que estoy en casa con un catarro tremendo y tengo mucho tiempo libre y me aburro. Así que escribo, que en realidad lo echaba de menos, así que seguramente durante una temporada estéis sobresaturados de cris jaja.
Y, ¿qué voy a escribir hoy?, pues hoy vuelvo a ser mi yo superoptimista y feliz así que relato ligeramente ñoño pero que espero que os guste.
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El barco surcaba las aguas con velocidad y firmeza. El viento helado hinchaba las velas al mismo tiempo que arrebolaba las mejillas de Sam, aferrada a lo más alto del palo mayor. Para ella no había mejor sensación en el mundo que la de estar allí arriba, a un paso de poder volar, sintiendo la velocidad, la fuerza del velero, la libertad del viento, aunque este dificultara su misión de vigía llenandole los ojos de lágrimas.
Descendió con agilidad hasta la cubierta, pensando en lo maravilloso de su decisión de ocultar su sexo y alistarse como grumete del WhiteWings. Allí, además de escapar de sus perseguidores, había descubierto su talento natural y su amor por la navegación. Había nacido para estar allí, finalmente sentía que todo encajaba en su vida. Entendía al barco y al mar de una manera asombrosa, y el capitán no había tardado en darle más responsabilidades al percatarse de ello.
Volvió al presente mientras corría hacia el mascarón de proa. La madera crujía bajo sus pies descalzos, minúsculas particulas de agua salada flotaban en el aire y se enredaban en su pelo y su ropa, todo olía a sal de una manera refrescante y maravillosa, y el cielo parecía estar de tan buen humor como ella. Vio por el rabillo del ojo a Wes, su compañero de tareas, siguiendola en un intento de llegar primero. Aceleró de manera que este solo pudo alcanzar el sonido burbujeante de su risa.
No había quien alcanzara a Sam cuando este estaba de buen humor como hoy, penso Wes. Le parecía increible que solo llevara un mes como grumete, sin haberse subido a otro barco en su vida, y ahora sus habilidades se equipararan con las suyas propias. Pero lo que hacía Sam era instintivo, siempre sabía lo que el barco necesitaba, a donde ir o cómo proceder. Le admiraba, reconoció con pesar, pero aún más profundamente escuchó esa vocecilla interior que le decía que era más que eso. Que no admiraba al capitán de la misma manera, que miraba la sonrisa de su compañero más de lo debido, que cuando veía la chispa de sus ojos se sentía capaz de cualquier cosa. Pero había un problema, y aunque sabía que lo que más debería preocuparle era que ambos eran varones, le daba igual, puesto que el pensaba que la gente se enamoraba de otras personas, de sus almas, no de su sexo. No, lo que más le preocupaba era que, a pesar de tener solamente un año menos que él, Sam no demostraba ningún interes el tales asuntos, de hecho su comportamiento recordaba al de un niño pequeño. Sam amaba al barco, al mar y al cielo abierto, y Wes sabía que no podía competir con ello.
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En verdad iba a ser más corto pero me ha gustado y me he dejado llevar, mañana colgaré la segunda parte para que no sea tan pesado y para dejaros con la intriga xD
Espero que tengais un dia maravilloso, y traedme pañuelos y noticias del mundo exterior, gracias.
cris*
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